Mi amigo el maestro

Todos en nuestras vidas hemos tenido la oportunidad de conocer a alguien que trabaja en el mundo de la construcción. Contamos con la suerte de tener a la mano el número de esta persona, un señor que con su cabello lleno de canas y manos ásperas nos da la tranquilidad y confianza para hacerse responsable de nuestro proyecto de construcción.

Puede que algunos de nosotros no tengamos el contacto de esa persona, pero buscamos con nuestros amigos una recomendación de alguien que nos pueda ayudar con un trabajo, ya sea el de colocar un piso, arreglar una pared, pintar nuestro cuarto u otro. Cuando lo contactamos siempre imaginamos que llegará ese maestro con un gran bigote, con su vieja libreta de apuntes y una cinta métrica que por su desgaste nos dan una idea de toda la experiencia que tiene.

Mi amigo el maestro, el que sabemos que nos cobrará lo justo y que tal vez no nos recomendará los mejores productos pero sí los que mejor se acomodan a nuestro presupuesto, uno que él no conoce; sin embargo, mi amigo siempre buscará el mejor balance entre precio y calidad. Además él también pudo aprender un poco de química callejera, solo necesitaré comprarle los polvos mágicos y en su olla mágica fabricará lo que estamos necesitando.

Pasamos al plano de ejecución, donde siempre termina faltando y nunca sobrando; tal vez él no siempre acierte en las cantidades, pero quién más puede solucionar esos obstáculos sino mi amigo el maestro.

Hoy en mi cama me pongo a pensar y me imagino lo bella que debe ser la casa de mi amigo el maestro, con todos esos increíbles acabados que hoy me recomendó, instalados con esa perfección que espero mañana aplique al momento de colocar mi piso y mi baño.

Me levanto y deseo con ansias el inicio de mi obra a la que él llega con su ropa un poco desgastada, pero que me da la tranquilidad que ese desgaste es de un trabajador incansable, que la ha usado en las distintas obras donde ha estado; estoy seguro que debe tener un armario grande, construido por él y repleto de ropa nueva.

Termina mi obra y de verdad me siento muy satisfecho del trabajo que ha realizado, le entrego su dinero con la satisfacción de saber que mi familia se pondrá feliz por la gran obra realizada. Sé que no contraté a un arquitecto, pero mi amigo el maestro lo hace como si fuera uno.

Luego de hablar del buen trabajo que ha realizado, empieza a llover y decido llevar a su casa a mi amigo el maestro, con cierta curiosidad de ver que tan linda será su casa; entramos a un barrio muy popular, donde llegamos a una casa muy humilde y sin acabados lindos que ver.

De regreso a mi hermosa casa pienso y reflexiono de lo que acabo de vivir, es ahí donde me pregunto, ¿será que el ingeniero y arquitecto tienen mejores casas porque cobran más por hacer el mismo trabajo? Pero si el arquitecto o ingeniero no son los que hacen el trabajo, solo lo dirigen, ¿entonces?

Bueno mi amigo lector la respuesta es simple, un arquitecto o ingeniero cobra por lo que sabe y hace, con eso le alcanza para vivir en una lujosa casa. Pero nuestro amigo el maestro solo cobra por lo que hace y no por lo que sabe, he ahí la diferencia.

Mi amigo maestro solo el estudio y la formación profesional te darán ese plus adicional con el que no cuentas, tienes toda la experiencia del mundo pero te hace falta ese último escalón. Prepárate, actualízate, capacítate y de seguro los resultados serán sorprendentes.

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